Un rostro del 11-S

Aquel día cruzó acelerada el puente de Brooklyn. Buscó, como miles de personas, un teléfono para dar señales de vida a su familia. Caminó durante horas para ver a sus seres queridos. “Fue la primera vez que vi llorar a mi marido”, contaba a los presentes.

Un día antes de cumplirse el décimo aniversario de esa jornada catastrófica, me la encontré por azar, andando por el World Trade Center. Estaba contando su experiencia como parte de una visita guiada en recuerdo de esta fecha clave de nuestra historia más reciente.

Detrás suya, a través de las amplias cristaleras del edificio, se contemplaba el ajetreo y la extrema vigilancia policial en torno a las obras del nuevo memorial dedicado a las víctimas. Eran las horas previas a su inauguración con la presencia de Obama y George Bush.

No pude evitar poner la oreja y seguir su relato. Me senté como un infiltrado junto a las personas que la escuchaban con muchísima atención y respeto.

No todos los días se escuchaba el testimonio personal de una superviviente.

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